Uno de los mayores atractivos de los periquitos como mascotas, es su comportamiento. Nos quedamos observándolos y harán cosas que nos sacarán una sonrisa más de una vez. Asimismo, la costumbre de observarlos es algo más que un pasatiempo agradable, también nos ayudará a identificar si hay problemas o si por el contrario, se encuentran bien.



Apoyando una patita

Los periquitos sanos son activos, curiosos, juguetones (especialmente cuando son más jóvenes). Nos demostrarán estar a gusto cuando se posen sobre una patita, recogiendo la otra totalmente o de forma parcial bajo el plumaje. A veces la recogen sin llegar a cerrar los dedos, y otras la acomodan bien entre las suaves plumas de su vientre cerrando los dedos y haciéndola desaparecer cmpletamente. Dependiendo del grado de relajación ahuecan ligeramente el plumaje, dándoles un aspecto esponjado y tierno a la vez. Al mismo tiempo que recogen la patita, canturrearán entrecerrando los ojos, y veremos como vivran las plumitas en su garganta con los gorjeos y su cuerpo acompaña a las notas más altas sin perder la compostura relajada.

Se pueden pasar mucho tiempo en esta postura, especialmente cuando es momento de reposo después de haber estado jugando o intercambiando impresiones con sus compañeros. A veces, incluso recogerán el pico tras las alas girando la cabeza. Se echan siestas o siguen canturreando en esta postura.

Otras veces, preparan el pico relajadamente, rascando la mandíbula inferior con el rugoso paladar de la mandíbula superior. Si es la primera vez que lo oímos, no entenderemos de dónde viene el crujido; a veces parece alarmante, los más hipocondríacos piensan que los periquitos tienen algo en su pico que les molesta, sin detenerse a observar el estado de placidez que demuestran con su cuerpo. Este comportamiento ayuda a manetener un desgaste adecuado del pico y además, de mantenerlo con un filo cuidado, pues es una herramienta imprescindible, como lo son nuestras manos para nosotros.

Es una buena señal, tu periquito se encuentra a gusto y feliz.



Acicalando el plumaje

Una de las tareas más importantes en la vida de los periquitos, es el mantenimiento de su plumaje. Un pájaro con las plumas descuidadas es un pájaro que no aguantará mucho, pues su vida depende de ellas. Las plumas los aislan del frío, del calor, protegen su piel de los rayos del sol, son las responsables de la efectividad de su vuelo, y además, comunican a los demás su estado de salud, puede ser determinantes en el atractivo para la búsqueda de pareja y pueden además, ayudarnos a nosotros a identificar la edad de nuestros periquitos.

Un periquito sano mantendrá su plumaje en óptimas condiciones. Si se le cae o pega algo en alguna pluma, no tardará en retirarlo y atusarse para poner cada cosa en su sitio. Pasarán largos minutos al día, varias veces durante la jornada, acicalándose y ordenando las plumas. Pasarán su pico por la glándula uropigial, situada justo sobre la cola. Al tocarla suavemente, hacen que esta glándula segregue una sustancia oleosa que enseguida repartirán por todo su cuerpo recogiendo esta sustancia con su pico y su cara, frotándose con fruición. Pasarán por todo el cuerpo: pecho, espalda, viente, coberteras de las alas, remiges y cloaca. Una a una, todas las plumas serán atendidas.

Cuando un periquito no se encuentra bien, suele descuidar el plumaje, y entre otras señales, puede ocurrir que permita que la cloaca le quede sucia, o puede que no llegue a retirar exrementos de otros compañeros que le puedan caer encima. Incluso, si está de muda, quizá no se moleste en picotear suavemente los cañones, dándole un aspecto desaliñado que muestra claramente que no se encuentra bien.

En el proceso, puede que alguna pluma se desprenda, en este caso, levantan la cabeza con la plumita en el pico y la sacuden. A veces es divertido mirarlos como observan la pluma cayendo hacia el suelo, liviana y divertida. Si las plumas están cayendo, significa que vienen algunas nuevas, esto implica picotear suavemente los cañones y retirar poco a poco la caña que cubre las nuevas plumas. Tras cada pasada, suelen sacudirse para permitir que sus plumas se ordenen, y se queden unas sobre otras como las tejas de los tejados, y de paso, dejar cer las escamillas de los cañones y alguna pluma suelta más.

Las patas no están cubiertas de plumas, pero también reciben atenciones. Cada dedo y cada uña son acicalados, incluso si es periquito cuenta con una anilla, la limpiará como si formase parte de su cuerpo.

En ocasiones, cuando toca acicalar las plumas de la cabeza, se frotan contra los objetos (también lo hacen para limpiar el pico si se les ha quedado algo pegado). Esto ocurre especialmente si no tienen a otro periquito cerca dispuesto a hacerlo. Generalmente cuando se acicalan mutuamente la cabeza están dándose muestras de afecto, y suele ser entre periquitos que forman una pareja, padres con sus hijos o buenos amigos. A veces vemos a los periquitos pedirle a otro que le rasque la cabeza y el compañero no se da por aludido, entonces o se frotará contra los barrotes y las perchas, le hará la pelota rascándolo un poco o desistirá sin más mirando hacia los lados como diciendo con ironía: "Pues muchas gracias...".

En cambio, si encuentran quién les acaricie la cabeza, se dejarán y expondrán su piel erizando las plumas, girarán según les parece por dónde les apetece que su compañero les acicale y si por ellos fuera, estaban todo el día así. Cuando el que acicala considera suficiente lo que hizo, se detiene y suele pedir el mismo trato a su compañero, agachando la cabeza hacia él con las plumas ahuecadas o acercando la carita de lado, exponiendo la piel de las mejillas a la espera de respuesta.

A veces consiguen una respuesta, otras veces no, y otras veces no tienen más remedio que continuar acicalando a su exigente y poco recíproco compañero xD...

Como detalle curioso, cuando se rascan la cabeza, para que les lleguen las garras al punto deseado, deben pasar las patas por detrás de las alas. Al menos yo, nunca he visto a un periquito rascarse o atusarse con las patas una vez echan la pata hacia adelante para asearlas. Generalmente tras rascarse la cabeza, si han pasado por los párpados, realizan una especie de bostezo abriendo bien el pico y cerrando los ojos mientras echan la cabeza hacia adelante sacando la lengua.



Plumaje pegado al cuerpo

Cuando tienen mucho calor por la temperatura ambiente pegan las plumas al cuerpo, estilizando mucho su figura. De este modo reducen considerablemente la capa de aire atrapada entre las plumas y la piel, reduciendo al máximo la capacidad aislante. Dependiendo de hasta qué grado estén sofocados, despegarán las alas del cuerpo e incluso llegarán al extremo de jadear para liberar calor interno y tratar de renovar el aire a través de los sacos aéreos igual que cuando realizan los vuelos, sólo que forzando la entrada y salida del aire con los propios pulmones. Entrecierran los ojos y se mantienen muy quietos.

Esto también pueden hacerlo para lograr el mismo efecto tras un vuelo extenuante, como por ejemplo si huyen de nosotros cuando intentamos atraparlos. Es preferible permitirles que alcancen una temperatura corporal normal, antes de insistir o cerrar la mano sobre ellos sólo porque ya están quietos. Si esto nos ocurre a menudo es mejor cambiar el modo con el que practicamos su captura, pues pueden acabar con un fallo cardivascular.

Alguna vez puede ocurrir que sin que haga un calor extremo, o no hayamos visto que estén muy activos, vemos como pegan el plumaje al cuerpo, entreabren las alas y llegan incluso a mostrar un temblequeo. Es justamente eso que estás pensando: el miedo ha acelerado sus constantes y está generando un exceso de calor que el pájaro debe tratar de disminuir.



Cuando se bañan

Los periquitos usan el baño de un modo higiénico, no con la intención de refrescarse, aunque a veces, si hace mucho calor, rociarlos con agua para provocar que la evaporación de agua facilite el intercambio térmico puede ayudarles, pero por sí mismos no se meterán (la mayoría) en sus bañeras. Pues como se sabe, cada periquito es un mundo, y hay algunos que adoran el agua, zambulléndose en el agua alegremente y salpicando por doquier. Luego hay otros que los imitarán felizmente, y otros, que ni "a tiros" se acercan. Un modo de incitarlos es ofrecerles verduras o hierbas frescas cubiertas de agua. Instintivamente, al acercarse y ver aquellas hojas perladas de agua, ahuecarán las plumas, se sacudirán, y lo más probable es que acaben frotándose felices contra la superficie de estas plantas. Lo hacen erizados y con las alas semiabiertas.

Después de un baño, los periquitos ahuecan las plumas, se sacuden y las peinan. En sus descansos en el aseo, dejan las alas medio colgadas para facilitar el secado de las plumas, y suelen mantenerse bastante derechos con la cabeza un poco hundida entre los hombros, lo que suele ser una postura relajada. Reanudan la actividad por períodos, hasta que el plumaje se seca por completo. Es mejor no obligarlos a moverse durante este "trance", pues suele costarles bastante maniobrar dependiendo de cuan mojados estén y al ser conscientes de su precariedad, suelen asustarse bastante.




Estiramientos

Muchas veces vemos que al acercarnos a nuestros peris, estos se desperezan. Levantan las alas y plegadas, las llegan incluso a juntar sobre la espalda. Este gesto es precisamente eso, lo mismo que hacemos nosotros cuando nos desperezamos tras un rato de inactividad. De este modo, reconocen la presencia tanto tuya como la de otros miembros del grupo, pues también lo hacen entre ellos.

Después de levantar las alas, suelen estirar una de las ellas junto con la cola, acompañándo el gesto con la pata correspondiente y agachando la cabeza como para estirar los músculos del cuello y los cruzados de la espalda. En estas fotos muestro ambos pasos.

De este modo, preparan los músculos por si hay que lanzarse a la actividad y quitarse el relax de encima; también sirve para ordenar las remiges si alguna está montada sobre la que no es (complementando el gesto, a veces, con una ligera sacudida de plumas), y de este modo, que el vuelo sea más efectivo y mantiene el plumaje de vuelo a salvo. Los periquito jóvenes, que aún están en pleno desarrollo muscular, acostumbran a hacerlo con más frecuencia para ejercitar y no perder la elasticidad hasta que terminen de desarrollarse. Una vez adultos, lo utilizan como una herramienta más en lugar de como un ejercicio fortalecedor. Por eso es importante que los periquitos jóvenes tengan libertad de movimientos para poder esparcirse y tener finalmente, un desarrollo físico correcto.



Cuando miran atentos

Cuando algo les llama la atención y quieren prestarle todo su poder de concentración, los periquitos miran "de lado". Giran la cabeza y se plantan en plano mirando lateralmente el objetivo de su atención. A veces se ponen tensos y pegan el plumaje al cuerpo si intuyen un peligro potencial (un depredador que repta por el suelo, un ave rapaz que sobrevuela la zona...), y notamos como cualquier mínimo movimiento los hace dar un saltito o provoca incluso una vorágine momentánea y nerviosa; pero no apartan "su ojo" de lo que sea que estén vigilando. A pesar de tener un arco visual muy amplio, tienen los ojos a los lados de la cabeza y esto implica que frontalmente existe un punto ciego que al ladear la cabeza, evitan, y aprovechan el enorme arco visual al 100%. Así que a veces parece que quieren asegurarse de que lo que ven lo han "visto bien" y decidir si es peligroso o no, y pasan a ladear la cabeza para observar con un ojo aquello que repentinamente merece toda su atención. A veces incluso parecen sufrir un ataque de dramatismo severo y se estiran exageradamente o hacen "eses" con la cabeza como para medir la distancia que les separa a ellos del objeto en la medida de sus posibilidades y calcular si es necesario echar el vuelo o si, por el contrario, es mejor ahorrar energías. De hecho, aunque no tuerzan el gesto, si hay algo que les llame poderosamente la atención, harán un ligero movimiento de sube y baja con su cabeza. Quizá de este modo alerten al periquito más cercano, que no tarda en hacer lo mismo, y así en una cadena de gestos en los que la bandada queda atenta y en silencio.


Por casualidad, en una ocasión en la que estaba haciéndoles fotos, capté a Sora prestándole atención a algo potencialmente peligroso... Y de hecho, se ve en la esquina inferior una garra de una de mis gatas, que se estaba estirando disimuladamente para comprobar la firmeza de los barrotes de la jaula, que la separaban de aquellos suculentos pajaritos... Marcus sólo pensaba en cortejar, por eso su cabeza salió borrosa.



Cómo interactúan entre ellos.

Los machos se encuentran continuamente en competición. Cuado uno comienza a canturrear para que le oigan los demás, lo vemos generalmente bien estirado y gallardo, cresteando, erizando las plumas de las mejillas y mostrando su bien definido iris con los ojos abiertos como platos; el siguiente de la lista le sigue y tratará de hacerse escuchar por encima, quizá este se encuentre en una posición relajada en un inicio, pero pronto irá pegando más las plumas al cuerpo y cresteará como el primero para mostrarse bello y saludable. El tercero se les unirá y tratará, a su vez, de pasar por encima de estos y destacar para todas las hembras y/o su pareja, y demostrar así su virilidad y salud. Los otros dos responderán a la afrenta tratando de superarlo. Y así en un interminable bucle que puede convertirse en un auténtico jaleo que nos puede destrozar los oídos. Cuantos más machos tengamos juntos, más sesiones de cantos de testonterona tendremos.

Cuando un periquito decide moverse de una percha a otra en la que hay un congénere, pueden suceder varias cosas:

  • Que eche al periquito que estaba antes.
  • Que el periquito que estaba antes le eche, impidiendo que se pose y tenga que cambiar de rumbo.
  • Que la percha sea compartida.

Si el periquito empuja al otro sin complicaciones, podemos deducir "quién pasa de problemas". Los periquitos no tienen una jerarquía. En su medio natural los grupos son tan numerosos que una jerarquía sería inviable, pues el "alfa" tendría que vérselas con varios centenares de congéneres al unísono... Y esto sería imposible. Así que los periquitos todo lo que hacen es mantenerse juntos y buscarse (la seguridad está en el grupo) y aunque puede parecer un caos a nuestros ojos si no los hemos contemplado con suficiente atención, entre ellos se entienden y deben respetar la posición de los demás o mantenerla enérgicamente. Por eso veremos un auténtico empujón en este caso que hace que el primer periquito tenga que volar, generalmente a un palo inferior, para dejarle sitio al segundo que reclama la posición física del espacio simplemente porque le apetece; el que fué expulsado evita una confrontación para no malgastar energía y porque no está de humor (o es de carácter más apacible).

Cuando el periquito echa al que viene, puede ser porque le ha molestado en un "momento de profunda meditación", o porque tiene carácter y se siente con energías, fastidiado yergue su cuerpo, carraspea advirtiendo que no se encuentra cómodo por la repentina aparición, y luego, empieza a echar la cabeza hacia atrás en clara señal de desagrado; dependiendo de la posición de cada uno o de lo valiente que se sientan uno u otro, puede ocurrir que comience una escaramuza:

Uno de ellos empieza a abrir el pico dándole a entender al otro que empieza a ser ya un intransigente. Si el otro le responde de igual manera o mantiene su posición sin aparente cambio o respuesta ante la amenaza, recibirá un picotazo que lo hará desistir del intento (o al menos debería). Sin embargo, de responder al mismo nivel comenzarán a lanzarse picotazos con el pico bien abierto, además de esto uno o los dos alzarán la pata para pisarse mutuamente.

Por norma general los enfrentamientos no acaban con sangre porque resultaría un desperdicio inútil de energía y salud; pero si está en juego la reproducción, los contendientes pueden estar largos minutos persiguiéndose mutuamente, llegando a enredarse en una pelota de plumas chillonas aleteantes que suele acabar mal para uno de ellos, porque transmitir los genes es algo por lo que lucharán, está en su instito de conservación. En el caso de que observemos algún acoso de este estilo, deberemos separar a uno de ellos y comprobar el estado del otro, repasar qué ha pasado en la jaula y corregirlo para tratar de recuperar la convivencia. Podemos reubicar el moviliario y comprobar que la dieta no les esté proporcionando una cantidad de vitaminas que los estén encelando (vitamina E, presente en abundancia en la avena y el huevo, p.ej.).

Cabe destacar que esto puede ocurrir tanto entre machos como entre hembras.

También debemos comprobar que el número de hembras y machos es parejo. De no serlo, deberemos "rellenar" los huecos que faltan si hay periquitos claramente desparejados, pues a veces se emparejan entre periquitos del mismo sexo.

Si a pesar de todo el acoso continúa, deberemos decidir quién se va y quién se queda para evitar muertes inútiles en nuestra jaula. El modo de "irse" lo decide cada uno, ya sea en espacios separados (varis jaulas) o vendiendo/cambiando al elegido.

Cuando la percha es compartida, suele ser entre miembros de una pareja estable o de muy buenos amigos. Incluso, en las primeras etapas de desarrollo, entre hermanos es muy común verlos compartir casi gustosamente todo cuanto descubren. Eso significa además que están utilizándose mutuamente para formar equipo y aprovechar los descubrimientos mutuos.

Cuando esto ocurre, y llega el periquito a la percha junto con otro con el que se lleva bien, se saludan con más o menos efusividad. El saludo consiste en acercar los picos mutuamente, hinchar las plumas de la cabeza y las mejillas, y con un suave gorjeo al unísono, subir y bajar la cabeza juntos mirándose enfrentados y manteniendo los cuerpos relajados sin posicionarse ninguno sobre el otro y en las ocasiones más efusivas, entreabriendo los picos para hacerse carantoñas mientras gorjean con dulzura.

Por norma general, los periquitos más pendencieros o con carácter más duro son los que sueeln conseguir todo cuanto desean: los mejores sitios para dormir, acaparar las golosinas, los juguetes... Pero curiosamente, los periquitos más jóvenes resultan tan irreverentes cuando están descubriendo todavía el mundo, que cuando caben en un comedero entran de cuerpo entero, y son tan insistentes que los adultos que sí saben responderse entre sí, no tienen más remedio que apartarse y esperar a que acaben para no gastar más energías de las necesarias intentando alcanzar la comida. Cuando llegan al límite de la paciencia de los adultos, suelen recibir un escarmiento aquellos que no toman los roles de motu proprio, teniendo que aprender "a palos" de qué modo hay que hacer las cosas para no perjudicar estúpidamente a los demás.



El cortejo

Si son una pareja o están intersados en serlo, a veces el macho continúa saludando tras ponerse cerca de quién le interesa, esta vez subiendo y bajando la cabeza mostrando su cogote, y comenzando un suave gorjeo desde abajo, agitándose al compás de su canto. Sus pupilas estarán en continua retracción y dilatación, esto significa clara excitación sexual. Si a la hembra no le interesa en ese momento recibir atenciones de ningún tipo, apartará la cara y echará la cabeza ligeramente hacia atrás (el macho podrá insistir y lograr su propósito o recibir un picotazo disuasorio que lo haga dedicarse a otra cosa). Si su pareja o potencial está receptiva para las atenciones, le devuelve el saludo con menos teatro y se le queda mirando, dándole pie a que el macho continúe con su cortejo y dejándose dar golpecitos en el pico, acompañando a veces los vaivenes y enganchándose suavemente entre ellos. El punto álgido de esta muestra de afecto reafirmación de pareja o intento de aceptación, es el intercambio de semillas. El macho regurgitará semillas y la hembra recibirá el presente con agrado. No será de extrañar que todo el proceso acabe con un picotazo por parte de ella que eche al macho, pues el papel de las hembras es ser exigentes, y el de los machos, el ser insistentes. El macho, si es "buen galán", ejecutará un vuelo rasante rápido y enérgico. Se posará sacando pecho y cresteando sin dejar de canturrear, regersando al lado de la periquita de su elección y siendo quizá rechazado con vehemencia para que pare de una vez, o para hacerse simplemente la difícil con muestras de interés breves pero que llenan al macho de entusiasmo y lo hacen continuar casi incansable.



El intercambio de semillas puede darse entre buenos amigos, pero generalmente está reservado a parejas estables, pues es el modo que tienen los machos de demostrar que serán buenos padres, que sabrían cómo alimentar a los pollos o a su pareja misma durante el período de cría, que es el cúlmen de cualquier pareja de diferente sexo.



Apartándose del grupo

Por norma general, si un peiquito no se encuentra bien, buscará un lugar lo más tranquilo posible alejado de la actividad normal del grupo. Debemos estar atentos a este tipo de síntomas, pues pueden ser por dos motivos diferenciados:

  • Que el periquito esté enfermo, tenga un problema.
  • Que el grupo esté descompensado.

El segundo caso suele ser habitual en grupos pequeños de periquitos. Cuando el número de periquitos es impar, el que no le cae especialmente bien a nadie, suele estar sólo y sin nadie con quién compartir un juego o unas caricias; está parado, es apático... Puede incluso ocurrir que si hay más hembras que machos, o al revés, en grupos reducidos (de menos de 8-10 periquitos), el paria acabe siendo agredido por los congéneres del mismo sexo. Hay que controlar estas cosas y procurar posibles parejas para todos o mantener un grupo entero de machos, que suelen ser más amigables entre ellos y mantendrán una competencia sana sin necesidad de acaparar posibles parejas reproductoras que los puedan volver instintivamente agresivos.

Cuando un periquito está enfermo, suele erizar las plumas de una forma diferente a cuando está relajado (se esponja más), y las alas no están firmes, entrecerrar los ojos o incluso mantenerlos entornados continuamente, sin llegar a mostrar el aspecto normal de alerta y nervio que suelen tener cuando hacen sus cosas. Dormita mucho tiempo, y dependiendo de lo que esté sufriendo, hay otros síntomas que denotan que el animal no se encuentra bien. Hay que procurar aislarlos y evitar que estén en contacto directo con los demás, aunque generalmente, si hay un periquito enfermo, los demás suelen estar "contagiados", pero por alguna causa que quizá no podemos controlar, ese periquito en cuestión anda un poco bajo de defensas y es el único que ha sucumbido.

Puede ocurrir que los otros periquitos agredan al enfermo, este es otro de los motivos por los que hay que separarlos. Instintivamente para evitar esto, los periquitos tratan de disimular su dolencia, con lo que llegados al extremo de su apatía no debemos perder el tiempo, pues esto significa que llevan un tiempo luchando contra alguna dolencia. La rápida actuación puede significar una diferencia tan grande como la vida o la muerte.

Licencia Creative Commons Periquitos, plumas de colores por Iria Ferrer se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.